Bajo la presión personal de restringir los nombres técnicos para llevar a cabo una presentación de esta índole, no encontramos más salida que la de olvidarnos por un momento de la norma negativa que hemos fijado y permitirnos utilizar el término museo para concretar, intencionadamente de forma muy general, este espacio. Aun la permisividad, el problema no deja de presentarse a medida que vamos profundizando en él. ¿Qué apartados podemos incluir? Bien, la respuesta automática (y clásica, ¿por qué no?), de momento, parece correcta: pintura, escultura, dibujo, fotografía... Pero, como ya es sabido, el poner nombre a las cosas las priva de su contingencia natural. Mientras tengamos este punto presente, pues, podemos seguir llevando a cabo nuestra contradicción. Bienvenido sea todo aquél que se considere o no artista, responda o no a la ansiosa demanda de significado de la turbación del espectador al no poder juzgarle. No podemos definir con demasiada precisión, de momento, con qué tipo de espacio estamos tratando, pues la intención es que la semilla decida qué dirección emprende para crecer, pero sí sabemos que gusta de todo tipo de alimento, es una semilla muy tolerante y no se asusta con facilidad.
