Los personajes están dialogando. Su empiece puede ser menos desastroso que su final. Nos podemos reír de ellos como lo hacen ellos de nosotros. O mejor podemos reír con ellos tal como ellos ríen con nosotros. Pero, sin previo aviso, puede una lágrima salir de sus ojos y atravesar, sin pedir permiso, nuestras mejillas. Antes de poder saborear la sal de la gota todo se para ante el inexplicable acontecimiento del que han sido testigos, del que hemos sido testigos. Y, pese a todo, el teatro no deja de fluir